Por Fabricio Fagnoni y Anabella Antonelli
Hace un tiempo vi, en el mundo de las redes, el trabajo de un fotógrafo palestino sobre esta nueva ofensiva Israelí sobre Gaza. Tenía la capacidad de detener todo el movimiento cuando el polvo de edificios hecho añicos todavía está en suspensión, en el segundo que sigue al bombardeo. Quise volver a ver su reportaje antes de que escribamos esta nota. Busqué un aproximado nombre del fotógrafo. El árabe traiciona mi frágil memoria, el buscador me arrojaba a un laberinto y, por más empeño que puse, no pude encontrarlo. Los resultados me llevaron a las fotos de otrxs. Me detuve en uno: Montaser Al Sawwaf. Vi parte de su trabajo, terriblemente potente. Lo ví a él, sonriente levantando su cámara. Volví con la flecha del navegador hacia atrás, pensé en reemplazar al fotógrafo que se llevó la desmemoria por éste. Escribí su nombre y vi una noticia de noviembre, estaba hospitalizado: uno de los ataques de Israel contra Gaza lo alcanzó y murieron 47 parientes suyos. Miré su rostro herido calculando la distancia bélica con esa otra cara que había visto segundos antes. Volví atrás en automático y, evitando el efecto de la turbación, hice otro intento. Traté de recordar lo que había empezado a buscar y describí en el buscador la imagen de mi recuerdo. Los resultados terminaron de sacudirme. Demasiados y desgarradores. “Terror” viene de “terreo”, que significa temblar, hacer temblar. Escucho el silencio en mi casa, el ladrido de un perro a lo lejos. ¿Cómo es vivir en Palestina? ¿Cómo son sus paisajes, sus olores, sus sonidos? ¿Cómo se siente habitar un territorio bombardeado? ¿Cómo saben las aceitunas de los olivos quemados?
En octubre, momentos antes de morir por un bombardeo, la escritora Hiba Kamal Abu Nada, escribía:
“La noche en la ciudad es oscura, excepto por el brillo de los misiles;
silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo;
aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración;
negra, excepto por la luz de los mártires.
Buenas noches”.
A principios de diciembre, Montaser Al Sawwaf murió por otro ataque, junto a otros parientes suyos. Se estima que, de lxs más de 20 mil personas asesinadas en Gaza a manos de las fuerzas armadas israelíes desde el 7 de octubre, unas 56 eran trabajadoras de medios de prensa. “Por supuesto que es un genocidio. Nadie en su sano juicio podría decir otra cosa”, señalaba Jaldía Abubarka, del Movimiento de Mujeres Palestinas, al medio La tinta. Las imágenes de lo que sucede en ese territorio acorralado y los discursos justificadores de la masacre en manos de Israel, nos dejan atónitxs frente a la pantalla. El ataque sobre Palestina data de largo tiempo, pero hoy acapara las miradas, aunque con un cerco mediático que construye un Estado de Israel víctima, en una cruzada por defenderse del terrorismo de Hamas, mientras bombardea regiones civiles, escuelas, hospitales, quema campos sembrados e impone el terror, desde hace décadas, en Palestina.
“…¿no fue el precio de Israel la muerte de seis millones? Habla una agencia judía de los mártires y héroes, de recordar a los otros y de no olvidar jamás. De eso, de no olvidar, trabaja media academia y murieron los escribas como Levi y Paul Celan. ¿Y no será esa memoria la que engendra ferocidad en las tropas del Tzahal? ¿Llama la herencia del mártir al martirio de los otros? ¿Y qué habrán tenido que ver esos pobres palestinos con los hornos del nazismo?”, se pregunta la Negra Rubia en la novela de Gabriela Cabezón Cámara, cuando discurre sobre los sacrificios: “Lo que es propio del martirio es volver al mártir signo: será ejemplo, será bandera, será un gran punto a favor a la hora de sentarse a negociar con los otros siempre y cuando de este lado de la mesa estén los dueños de los muertos ejemplares”, sigue.
“¿No piensa que todo se arreglaría si dejasen de enseñar tanto odio a sus hijos?” le preguntó un periodista hace unos años a la poeta, periodista y activista de ascendencia palestina, Rafeef Ziadah:
“…Pausa.
Busqué dentro de mí la fortaleza
para ser paciente,
pero la paciencia no está
en la punta de mi lengua
mientras las bombas
caen sobre Gaza.
La paciencia simplemente
se ha escapado de mí.
Pausa.
Sonrisa.
Nosotros enseñamos vida,
señor.
Rafeef
recuerda sonreír.
Pausa.
Nosotros enseñamos vida,
señor.
Nosotros, los palestinos
enseñamos vida
después de que ellos,
hayan ocupado el último cielo.
Nosotros
enseñamos vida
después de que ellos
hayan construido sus asentamientos
y sus muros del Apartheid,
después del último cielo.
Nosotros enseñamos vida,
señor…”
La Nakba que nos trajo hasta aquí
Nakba, así llama el pueblo palestino a los eventos ocurridos desde el año 1948, cuando la asamblea de la Organización de Naciones Unidas (ONU) definió la particion del colonial Mandato Británico en Palestina en dos futuros estados, imponiendo su organización colonial de los territorios: uno judío, con las mejores tierras y más extenso; otro palestino, que ni siquiera tenía continuidad geografíca, es decir, para ir de un extremo a otro había que pasar por tierras asignadas a Israel. Antes de esta resolución de la ONU, la población de confesión judía, en su mayoría recientemente emigrada de Europa, poseía alrededor del 7% de las tierras. De repente pasaba a disponer del 55%. Esa misma noche, comenzó una campaña militar de exterminio y expulsión de la población palestina de las tierras correspondientes, según la ONU, a Israel. Y de otras que no también. Campaña que continúa hasta nuestros días. Nosotrxs la llamamos Genocidio.
Las masacres de esos días fueron protagonizadas por fuerzas paramilitares: Hagana, Palmaj, Irgun y Lehi se llamaban esas milicias. Todas sospechosamente organizadas y preparadas de antemano, con abundante material bélico que las fuerzas armadas inglesas, en su retirada en los días previos, abandonaron casualmente en sus bases. El fascismo se escabulle aquí y allá. Diversos grupúsculos fascistas pasaron a ser un ejército coordinado capaz de enfrentar (y derrotar) la reacción de los estados árabes vecinos que acudieron en defensa de Palestina. Todo de la noche a la mañana, literal.
La Nakba, palabra árabe que les significa a los pueblos árabes “catástrofe”, aún se enuncia para nombrar y describir el presente palestino. Su vigencia trasciende el tiempo y si miramos el mapa de la Cisjordania histórica, vemos un laberinto de enclaves palestinos rodeados por murallas y caminos que sus pobladores no pueden transitar sin atravesar controles y gestionar burocráticos permisos de paso. El crimen de habitar tu tierra.
75 años pasaron desde que la Nakba comenzó. Ya no queda casi nadie con vida que haya presenciado esas jornadas de 1948, pero continúa. El Estado de Israel sigue expulsando de las que considera por mandato divino sus tierras, a miles de personas por año, para ser reemplazadxs por extranjeros recién llegados de todo el mundo, que solo tienen en común un conjunto de apellidos. ¿Acaso no hemos sabido de alguien que estuvo viviendo o vive en Israel? En esas casas, con sus dueñxs recién expulsadxs, viven cuando llegan.
No nos dejemos engañar: no se trata de una guerra religiosa, tampoco es una cruzada antiterrorista. Es un conflicto territorial en que una parte dice tener el derecho divino a ser dueño de la tierra y de esclavizar a otra parte que no profesa su credo (el judaísmo). Los eventos del 7 de octubre pasado no son más que otro capítulo de esta historia, que es de ataque, pero también de resistencia.
“Aquí sobre vuestros pechos persistimos,
como una muralla,
hambrientos,
desnudos,
provocadores,
declamando poemas.
Somos los guardianes de la sombra,
de los naranjos y de los olivos,
sembramos las ideas como la levadura en la masa…
cuando tengamos sed
exprimiremos piedras, y comeremos tierra
cuando tengamos hambre,
PERO NO NOS IREMOS
aquí tenemos un pasado,
un presente
aquí está nuestro futuro,
como una muralla,
hambrientos,
desnudos,
provocadores,
declamando poemas”.
Tawfiq Az-Zayyad
Al momento de publicación de esta nota, la invasión punitiva israelí continúa sobre la franja de Gaza, con el declamado objetivo de eliminar a Hamas. No terminará con la supuesta destrucción de determinado grupo palestino, sino con el fin del despojo al que es sometido todo el pueblo desde hace 75 años.
Por los bombardeos de 2008, por una patada que recibió en el estómago mientras participaba de una acción directa, por el “te mereces ser violada antes de que tengas hijos terroristas” que le dijo el agresor, Rafeef Ziadah escribió:
(…) Soy una mujer árabe de color,
y venimos en todas las tonalidades de la ira.
Todo lo que mi abuelo quería era
despertarse al alba y ver a mi abuela rezar de rodillas,
en una aldea escondida entre Yaffa y Haifa.
Mi madre nació bajo un olivo,
en una tierra que, como dicen, ya no es mía.
Pero yo atravesaré sus barreras, sus puestos de control,
sus malditos muros de apartheid, y retornaré a mi patria.
Soy una mujer árabe de color
y venimos en todas las tonalidades de la ira.
¿Escuchaste ayer gritar a mi hermana
al dar a luz en uno de sus puestos de control,
con soldados israelíes buscando entre sus piernas
a su próxima amenaza demográfica?
Llamó a su hijita Yanín.
¿Escuchaste gritar a Amni Mona
tras los barrotes de su prisión mientras gaseaban su celda?
¡Estamos volviendo a Palestina!.
Soy una mujer árabe de color
y venimos de todas las tonalidades de la ira.
Pero me dices que este útero que hay en mi interior
sólo te traerá tu próximo terrorista,
usando barba y blandiendo un arma,
con pañuelo en la cabeza y negro como la arena.
¿Me dices que mando a mis hijos a morir?
Pero esos son sus helicópteros, tus F-16 en nuestro cielo.
¡Y hablemos sobre este asunto del terrorismo un segundo!
¿No fue la CIA la que mató a Allende y Lumumba
y quien entrenó primero a Osama?
No fueron mis abuelos
quienes corrían como payasos,
con capas y capuchas blancas en la cabeza,
linchando a los negros.
Soy una mujer árabe de color
y venimos en todas las tonalidades de la ira.
Así que “¿Quién es esa mujer morena gritando en una manifestación?”.
¡Perdón! ¿Es que yo no debería gritar?
¿Olvidé ser cada uno de tus sueños orientales, genio en una botella,
bailarina del vientre, joven de harén, mujer árabe de voz suave
que dice: sí, señor, no señor.
¡Gracias por los sándwiches de manteca de cacahuete
que lanzan sobre nosotros desde los F-16!
Sí, mis libertadores están aquí para matar a mis hijos,
y llamarles “daños colaterales”.
Soy una mujer árabe de color
y venimos en todas las tonalidades de la ira.
¡Así que déjame decirte que este útero que hay en mi interior
sólo nos traerá un próximo rebelde!
Tendrá una piedra en una mano y una bandera palestina en la otra.
Soy una mujer árabe de color.
¡Cuidado, cuidado con mi ira!
Tira: Agite | Fotos: Montaser Al Sawwaf
Excelente ensayo. ¡Tantos datos que los medios hegemónicos nos ocultan! ¡Tanta hipocresía al disfrazar de víctimas a los verdaderos victimarios! Conmovedores los aportes de las palabras de poetas, fotógrafos, escritores que vivieron el dolor del abuso.
Hermosa toda la poesía, me deja con la piel de gallina.