Por Juan Pablo Pantano

Mira hacia el piso en dirección opuesta al humo de su pipa. Sus ojos permanecen estáticos. Sus labios apenas se mueven. Dice palabras escuetas, oraciones cortas. Su visión de la vida y del mundo parece pesimista: sólo cree en “su esposa, en su perro y en el vino blanco”. Al resto de las cosas las cree perdidas: a la humanidad la cree perdida, al cine lo cree perdido, a la revolución la cree perdida. “El capitalismo es un crimen”, afirma. En una entrevista  realizada para el diario The Objective, el cineasta finlandés Aki Kaurismaki se muestra pesimista. Sin embargo, no hay que creerle. En sus películas nos muestra otra cosa. En ellas vemos las violencias capitalistas sobre los cuerpos, los trabajos y las relaciones. Vemos a personajes quebrados, apáticos, invisibles, derrotados. Pero es allí, en esa resquebradura, donde el autor nos propone otra forma de ver la vida.

El cine de Aki, la micropolítica del afecto

Pensemos en el cine de Kaurismaki como una constelación. Cada una de sus películas son estrellas que en su conjunto, en su red, forman, a priori, una imagen: “el crimen del capitalismo”. Esta constelación está formada por diferentes grupos de películas. Por un lado, la trilogía del proletariado: Sombras en el paraíso (1986), Ariel (1988) y La chica de la fábrica de cerillas (1990). También compuso la trilogía de Finlandia: Nubes pasajeras (1996), Un hombre sin pasado (2002) y Luces al atardecer (2006). Y una trilogía incompleta, la del inmigrante: El Puerto (2011) y Al otro lado de la Esperanza (2017). A su vez, la constelación presenta pequeñas joyas solitarias: Los vaqueros de Leningrado en América (1989), Contraté a un asesino (1990), La vida en bohemia (1992), Agárrate el pañuelo, Tatiana (1994), por nombrar mis preferidas.

Pero si calibramos la mirada, podemos ver que a la nube oscura del capitalismo el director finlandés le añade una rendija: la del afecto, lo micropolítico del afecto. Sus personajes se enamoran pero no lo dicen. Se entienden pero no sonríen. Se ayudan sin pedir ni agradecer. El frío y la oscuridad se combaten con el calor y la luz de un cigarrillo. En las películas de Kaurismaki no existe la euforia o la pasión. No existen las lecciones de vida ni los mensajes profundos o grandilocuentes. Es un cine sencillo. De la sencillez construye formas sutiles de resistencia: una tímida mueca de alegría, unas manos que se juntan por un instante, una mirada cómplice, un abrazo silencioso o una canción de tango, jazz, blues o rockabilly.

El de Aki es un cine de denuncia, pero con un tono de comedia y dulzura que lo hace único. Transforma la tristeza en fuerza política. Hace de la soledad una posibilidad de encuentro. Donde la miseria y la precariedad lo invade todo, él crea comunidad. “Hago cine para hacer reír a los espectadores y para demostrar que las cosas no van tan bien como deberían”, afirma.

Hojas de Otoño, la nueva de Kaurismaki

 Ansa (Alma Pöysti) trabaja en un supermercado, la echan. Consigue trabajo en un bar, el bar cierra. Termina como obrera en una metalúrgica. Holappa (Jussi Vatanen) es operario de una fábrica, lo despiden. Consigue trabajo en una obra en construcción, pero dura poco. Se conocen en un karaoke, uno de esos paisajes típicos de los mundos kaurismakianos. Se miran pero no se hablan. Pasa un tiempo, de casualidad se encuentran en la calle. Se buscan y no lo dicen. Se gustan y no lo saben. Hasta que una noche van al cine a ver una película de Jim Jarmush. 

-¿Te gustó la película?- Pregunta Holappa a la salida del cine.

– Nunca me reí tanto.

– Entonces tenemos que volver a vernos.

Hojas de Otoño es la cuarta película de la trilogía del proletariado. En Sombras en el paraíso, Nikander trabaja como conductor de un camión de basura y conoce a Ilona, que trabaja como cajera de un supermercado. En Ariel, el padre de Taisto, que es minero, se suicida y le deja el auto para que reinvente su vida. Taisto conoce a Irmeli -trabajadora en un matadero- y a su hijo, les tres planean dejar todo y escapar de la ciudad. En La chica de la fábrica de cerillas, Iris trabaja en una fábrica de cerillas, convive con un padrastro violento  y conoce en un bar a Aaerne, otro tipo violento. 

Los itinerarios laborales de los personajes son un mensaje de denuncia a la precarización y flexibilización del neoliberalismo más brutal. Pero el itinerario laboral, es acompañado de un itinerario afectivo. Los personajes se encuentran a partir de los quiebres que genera el capitalismo.

En Hojas de Otoño sostiene y profundiza esta peculiar forma de denuncia. Sostiene los ritmos, los tonos, los personajes y los paisajes melancólicos. Sostiene los itinerarios y el encuentro a partir de los quiebres. Pero se actualiza y añade algunos detalles. Juega con el espacio-tiempo mezclando elementos del pasado para mostrar el presente, como una radio antigua transmitiendo la guerra de Ucrania. A las clásicas canciones populares del folclore finlandés, le agrega la versión original de “Arrabal Amargo” de Gardel, una versión de “Mambo Italiano” y un hermoso tema del dúo Maustetytöt, compuesto por dos hermanas oriundas de Finlandia. Las canciones dibujan escenas que muestran la mano exquisita del cineasta a la hora de expresar tristeza, melancolía, algo de ridiculez y dulzura. Además, se nota mayor complicidad en la pareja principal y en las relaciones amistosas que construyen: algunas risas más, algunos gestos un tanto más expresivos y algún que otro diálogo más profundo. No mucho, solo lo necesario para agregar un condimento a su fórmula mágica. 

– ¿Qué te pasa? Me das sueño

– Estoy deprimido. 

-¿Por qué?

-Por que bebo mucho.

-¿Por qué bebes, entonces?

-Porque estoy deprimido.

-Olvídate. Mejor hablemos de fútbol.

La película -ganadora del Premio del Jurado en el festival de Cannes- llegó a los cines de Córdoba el 30 de noviembre y en unas semanas se podrá ver en la plataforma de Mubi, junto a otras 24 realizaciones del director. En este caluroso mes de diciembre, donde el dolor político invade todo nuestro cotidiano, el cine de Kaurismaki nos recuerda que, ante todo, la resistencia es desde el afecto.