Por Biblioteca Popular María Saleme
¿Para qué sirve leer? ¿Qué sentido tiene insistir una y otra vez con la lectura? En épocas de empobrecimiento y precariedad, ¿no deberíamos enfocarnos en “lo básico”? (¿techo? ¿alimento? ¿trabajo?). Desde la Biblioteca Popular María Saleme decidimos articularnos con espacios comunitarios cordobeses con una propuesta que combina creatividad, lectura, juego y merienda: el Club de Lectura Itinerante. En épocas de crisis, no renunciar a las propuestas culturales es, también, una necesidad.
En barrio Ferreyra, al sudeste de la ciudad de Córdoba, hay una organización comunitaria liderada por mujeres: De la tierra somos. Allí, una vez por semana funciona una consejería de salud sexual y (no) reproductiva. El Club de lectura hizo su primera parada en ese espacio. Más de 50 niños, niñas y adolescentes participaron de la propuesta, mientras las vecinas prepararon la merienda y otras coordinaban las actividades, algo que se repetiría en todo los talleres. A unos cuantos kilómetros de ahí, en Villa San Isidro, funciona el Refugio Libertad y el espacio de infancias “El Semillero”. Las talleristas adaptaron la propuesta y los cuentos fueron relatados con títeres de varilla. El Club volvió a moverse y los hijos e hijas de personas que acompañan violencias de género, reunidas en encuentros de la organización Casa Comunidad, disfrutaron de cuentos y actividades plásticas. Lo mismo hicieron en barrio Maldonado, en el espacio de cine comunitario de la organización Libres en Lucha y en la Biblioteca Popular Julio Cortázar, de barrio San Vicente.
Creemos en la poderosa fuerza de los libros, las historias y los mundos que nos abren, y el Club es un pequeño aporte a la democratización del acceso a bienes culturales. La lectura mejora el desarrollo cognitivo, pero, además, ese proceso interactivo entre el texto y el lector, más aún de forma colectiva, fortalece nuestro lado emocional. En cada taller experimentamos sensaciones placenteras, aprendizajes, espacios de debate y disfrute.
Además de incentivar la lectura, quisimos darle una vueltita más de tuerca a la propuesta, incluyendo contenidos de educación sexual integral, entendiendo la importancia que tienen para que las infancias y adolescencias conozcan sus cuerpos, hablen sin (o de los) prejuicios, comuniquen lo que les pasa y desarmen los roles de género. Entre estos contenidos, elegimos la construcción de identidades y el reconocimiento y respeto a la diversidad, en un momento donde la diferencia es vista como un problema, un riesgo o una amenaza. Así es que nos acompañaron dos extraterrestres de distintos planetas que comparan y se convidan mundos (Cichipo y Astrulina, de Luciano Saracina); un elefante muy particular entre tantos grises (Elmer el elefante multicolor, de David McKee); y un monstruo gigante que decide dejar un pueblo blanco y pequeño (El monstruo rosa, de Olga de Dios). Estos personajes fueron disparadores para conversar, reflexionar y jugar en cada taller.
Después de estos meses de gira, podemos decir que el Club fue un éxito. Por el centenar de infancias que participaron, porque las talleristas fueron las mismas vecinas, en muchos casos jóvenes que crecieron en esos espacios, porque comieron las delicias que prepararon las cocineras comunitarias y, principalmente, porque aportamos a seguir ampliando los márgenes de la cultura comunitaria. En tiempos de crisis y precariedad, los espacios recreativos, de belleza, compartir y crear son vitales para imaginar otros futuros posibles.
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